Cofradía del Santísimo Cristo del Consuelo
CIEZA (Murcia)
     


 


 


 


 


 


 


 


 


 


 

EL SANTO CRISTO DEL CONSUELO
400 AÑOS ENTRE LOS CIEZANOS (1612 - 2012)

Incorporamos a ésta página Web la colaboración de nuestro cofrade, ALFREDO MARÍN CANO. Quizá sea el trabajo de investigación más importante que hasta ahora se haya publicado sobre la imagen del Santo Cristo (quedó reflejado en el nº1 de la revista de "El ciezano ausente" de mayo de 2008):

            Dentro de cuatro años los ciezanos podrán conmemorar que la venerada imagen del Santo Cristo del Consuelo lleva presente en Cieza durante un dilatado tiempo. Una presencia que ahora se comprueba documentalmente se eleva a unos cuatrocientos años, lo que para buena parte de los ciezanos supone un motivo de sentida celebración. A modo de escueta reconstrucción histórica, señalamos a continuación una serie de momentos de gran significación en la existencia devocional del Santo Cristo:

         LA LLEGADA DE LA IMAGEN: A finales del s. XVI el influjo franciscano colocaría en el cabezo de las Horcas un humilladero que en 1614 se transformaría en ermita. Desde el cercano promontorio se deseaba afianzar la práctica del Vía Crucis, de forma que se necesitaba un crucificado que encabezara el cortejo desde el Calvario a la parroquial. Transportado entre las manos del franciscano o portado a hombros por los cuatro extremos del madero, se hacía necesaria una talla de cartón o papelón, lo que obviamente también abarataba el coste de la imagen. A tal efecto, D. Diego Padilla encargó el crucificado, entregándolo en 1612 a la parroquial de Santa María a la espera de que se concluyeran las obras de la ermita, cuya última piedra se colocaría dos años después. Su imagen pronto despertaría la piedad popular, tal que diversas misas se destinarán a su altar, de forma que en pocos años el Cristo del Calvario se convirtió “en el Santo Cristo de esta villa”. Colocada la imagen de Ntra. Sra. del Buen Suceso en el mismo oratorio del Calvario a la espera de su nunca principiado santuario, el Santo Cristo perdería la titularidad de su ermita en detrimento de la Virgen, máxime cuando a ella se le nombre patrona en 1745, hasta que nuevamente la recuperara a comienzos del s. XIX.
            Resulta evidente que la tradición que asimilaba la llegada de la imagen del Santo Cristo a Cieza por medio de la leyenda de los bueyes que se negaron a seguir en su camino hacia La Mancha queda totalmente descartada, pues en definitiva este tipo de quimeras sólo pretendían dar una explicación mitológica a una cuestión que parecía perderse en el tiempo, si bien este recurso es bastante común a numerosos pueblos que ignoran la procedencia de sus imágenes más veneradas. Posiblemente el beneficiado Morata se basó en la tradición de la ciudad de Carcelén no sólo para diseñar la novena al Santo Cristo, sino también para introducir la leyenda de los bueyes como así se constata en dicha localidad, donde se cuenta que la carreta de bueyes del crucificado se negó a proseguir a su destino en Jumilla. Atendamos a ciertos ejemplos que ilustran esta generalidad: la Virgen de la Concepción (patrona de Jerez), de Luján (patrona de Argentina), de la Pastora (Villamanrique), el Cristo de las Injurias (Garrovillas), el de la Misericordia (Arahal), de Czestochowa (Polonia), etc.

            EL CRISTO EN LA ASUNCIÓN: En 1702 el testamento del cura-beneficiado y comisario del Santo Oficio D. Francisco Provencio y Clares estipulaba que una parte de sus bienes se aplicara en construir un camarín al Cristo del Consuelo, situado en la capilla de la Concepción de Ntra. Sra. de la Asunción, ordenando además que se aplicase en un plazo máximo de un año y encomendándole al doctor D. Juan Dols que incumplido dicho término los materiales fueran vendidos y sus beneficios aplicados para adorno y culto de la imagen. La mención del médico como administrador de sus bienes da la clave del peregrinar de la imagen, pues como mayordomo de la cofradía del Buen Suceso bien pudo mediar en la predisposición de construir el camarín y trasladar el crucificado desde el Calvario a la parroquial. Para ello contaría con el beneplácito de los herederos de los Padilla, de suerte que D.ª Mariana Melgares, esposa del caballero de la Orden de Santiago D. Matías Marín-Blázquez y Padilla, testó el deseo de ser sepultada en la capilla del Cristo del Consuelo.

            DE VUELTA A LA ERMITA: Desplazado como titular de su ermita, quizá fuera reubicado en la parroquial y colocado en la capilla de la Concepción o de los Marines, pasando a ser denominado del Consuelo y ocupando su camarín en la susodicha capilla. A partir de entonces las peticiones para ser sepultado en su capilla serán constantes entre los ciezanos. Y aquí permanecería hasta la década de 1730, momento en que la documentación omite toda mención al Cristo, circunstancia que además coincide con la ausencia de peticiones de misas en su altar en la ermita del Buen Suceso, hasta que nuevamente se le menciona en el eremitorio en 1745, precisamente cuando se solicita el patronazgo de la villa en la advocación mariana. Inmatura queda la razón de su vuelta a la ermita, aunque quizá obedeciera al desarrollo constructivo de la parroquial, quizá también a los intereses de los que poseían sepulturas en el mismo altar parroquial, a las inconclusas obras del camarín o simplemente a la necesidad de su participación en el Vía Crucis.

            Y AHORA, COPATRÓN: La profunda crisis de subsistencia de principios del siglo XIX obligó a los ciezanos a emprender rogativas al viejo Cristo, cuestión que vislumbra que ya se trataba de una imagen devocional de gran arraigo popular.
            Indica el Dr. Morata en su Novena que ya en 1800 se había traído la imagen del Santo Cristo a la parroquial y a pesar de no haberse conseguido el beneficio de las lluvias, vieron a granar las espigas del cereal, por lo que a semejante cosecha se le denominó “el trigo del milagro”. El Martes 12 Marzo de 1805 la falta de lluvias y las primeras muertes por la nueva epidemia inducen al Ayuntamiento a realizar nuevas rogativas, solicitando que además de los dos Patronos interviniera el Cristo del Calvario. Tres días después, dice Morata, “principió una abundante lluvia que no podía atribuirse, sino precisamente á un prodigio del Señor porque el día anterior estaba el tiempo muy retirado y sin la más ligera señal de agua”,  mostrando el Consistorio su más profundo “agradecimiento al Todopoderoso por las abundantes lluvias que nos ha dispensado a los pocos días de rogativas que se an hecho al Stmo. Cristo del Calvario”, celebrándose una función religiosa con sermón en acción de gracias y por la tarde procesión general de autoridades y pueblo, decorándose las calles con motivos y colgaduras e iluminándose todos los hogares ciezanos en la citada noche de la jornada conmemorativa.
            Los sublimes acontecimientos fueron asimilados a través de la intervención divina en un acto asumido por la comunidad como extraordinario, circunstancia que asoció la religiosidad popular con la oficial, donde el pueblo, capitulares y clero reconocieron la mediación celestial en unos momentos de verdadera inquietud, en la que las epidemias comenzaban a realizar estragos y las gentes sobrellevaban sus miserias en medio de una penuria absoluta. Desde entonces, la imagen del crucificado, popularmente conocido como el “Santo Cristo”  o simplemente  “el Señor”  se asentó en los corazones ciezanos convirtiéndose en referente esencial de su sentir espiritual, a la vez que oficiosamente se le intitula como Copatrón de Cieza.
             Tras los sorprendentes acontecimientos de la formidable cosecha de 1800 y las lluvias de 1805, el crucificado sería nombrado patrón al año siguiente, a la vez que adoptaba definitivamente la advocación del Consuelo, constituyéndose a partir de entonces en el referente devocional de todo un pueblo y en uno de sus emblemas más señeros, superando y eclipsando de forma inmediata a los tradicionales patronos. El hecho de que el Cristo se desprendiera de su pretérita advocación del Calvario por la del Consuelo no es algo inopinado, de suerte que en 1767 la doble apelación quedaría constatada por la solicitud testamentaria de Francisco Rosel al demandar una misa rezada “en la Hermita de Ntra Sra del Buen Suceso en el altar del Stº Xpto de la Consolación”. Por tanto, no resultaría extraño que finalmente se optase por ésta acepción devocional en detrimento de la primigenia al convertirse a los ojos de los vecinos en su verdadero consuelo ante la calamitosa situación de la villa a comienzos del s. XIX. La progresiva imposición del Cristo sobre todas las restantes imágenes devocionales se enmarca dentro de la noción de la búsqueda de la más milagrosa en un momento de aguda crisis, asentándose en esa profunda idea utilitaria del cristianismo antiguorregimental, de forma que la devoción popular variaba en función de la facilidad por obtener los dones y gracias requeridos.
            Y aunque ya desde 1806 se le considerara Copatrón, será en 1926 cuando al Santo Cristo del Consuelo se le proclame oficialmente Patrón de Cieza: “El Sr. Marín-Blázquez Jaén atendiendo al fervoroso y general cariño que despierta a este vecindario la Imagen del Santísimo Cristo del Consuelo, propuso que se le designara Patrono de hecho de la Villa de Cieza, lo cual fue acordado ampliamente…” fundándose tres años después un Patronato para amparar las actividades de la hermandad y especialmente para iniciar la restauración y el mantenimiento de su ermita.

            DE HERMANDAD A COFRADÍA: Una vez desaparezcan los franciscanos de S. Joaquín en 1835, las prácticas del Vía Crucis y de las novenas recaerán en el clero parroquial hasta la aparición de la Asociación del Santo Cristo del Consuelo, activa al menos desde 1889, cuya erección se enmarca en la eclosión cofrade de finales de la centuria. Poco después, hacia 1893 derivaría en la fundación de su Hermandad, encargada de organizar las rogativas, novenas, actos del mes de mayo, participación en las fiestas patronales,…  Aun desconociendo su estructura, parece que se asemejó a las imperantes entonces, es decir, organizándose en torno a un hermano mayor y su junta, de forma que en julio de 1930 se celebraba la junta anual, presentándose las cuentas y eligiéndose como nuevo presidente a D. Ramón Marín-Barnuevo.
            El triunfo de la concepción de la procesión pasional del momento indujo a un sector de la hermandad a diseñar una cofradía que permitiese al Consuelo participar en los desfiles de Semana Santa. Tras el primer intento de 1931, al año siguiente nacía del seno de la hermandad una cofradía filial con una clara motivación pasional, diseñándose para su gestión sus propios estatutos.  Concluida la Guerra Civil, una única cofradía asumiría las tareas de la hermandad y de la cofradía, rigiéndose con las mismas constituciones hasta su renovación en 1997.
            Así pues, convocados el día 11 de abril de 1932 por una comisión organizadora, se reunieron en el teatro Galindo 52 personas para aprobar las constituciones de la cofradía filial y elegir su primera junta directiva, asumiendo como fines “realzar y engrandecer, cual merece, a nuestro Sacrosanto Patrono, así como dar todo el embellecimiento posible a nuestras tradicionales procesiones de Semana Santa”; quedaban así delimitadas las funciones cultuales de la hermandad y las pasionales de la cofradía. Orientada hacia la procesión, los estatutos o reglas se centrarían básicamente en su organización (reglas III, IV, V y VI), la necesidad de portar su propia túnica, escudo y emblemas (regla II); en relación a los hermanos, debían aportar 5 ptas a su ingreso, presentados por un hermano y sujetos a “buena fama y costumbre e intachable conducta moral y religiosa” (regla VII), lo que reincidía en tendencia histórica de que los hermanos fueran reflejo de vidas ejemplares y a cuya tarea prestaría su apoyo el capellán de la ermita (regla XVI); finalmente, se abría la posibilidad de la figura del socio protector (regla X), sujeto básicamente a la aportación económica voluntaria. Y para concluir, las últimas reglas (XIII-XX) ajustaban la organización interna en torno a un hermano mayor, secretario, tesorero y vocales, todos ellos sujetos a la voluntad de la junta general.
            La violencia desatada durante los primeros meses de la contienda civil destruiría la imagen. Conocida la noticia, en enero de 1939 un grupo de ciezanos compuesto por miembros del clero, falangistas, elementos significativos de la clase conservadora y terratenientes,  situados en la retaguardia franquista y residentes en Ávila, organizaron una junta directiva para obtener donativos a través de un “Boletín de Adhesión al Homenaje de Reparación y Amor al Santo Cristo del Consuelo” con el objetivo de reponer la imagen del crucificado, de la que por entonces desconocían si había sido destruida en su totalidad, animando a los ciezanos a su reposición solicitándoles un mínimo de 10 céntimos para que todos pudieran contribuir.
            La fortuna de que el autor de la talla realizara hasta tres copias sobre un mismo molde posibilitó que se obtuviera de la vecina Caravaca el crucificado que por entonces se ubicaba en la ermita de la Reja bajo la advocación de la Buena Muerte. Restaurada según la estética ciezana por Carrillo y más tarde por González Moreno, la imagen se encontraría de nuevo entre los ciezanos en 1940.
            Con el discurrir del tiempo, la cofradía evolucionaría pareja al impulso de renovación de los desfiles procesionales de la segunda mitad del siglo, ampliando sus enseres y convirtiéndose en la más numerosa y emblemática de cuantas participan en los desfiles de Semana Santa, al mismo tiempo que incide en la perpetuación de su herencia cultual. En este sentido, a lo largo de la dilatada existencia del crucificado sus actividades cultuales y pasionales se fueron adaptando a las necesidades de la sociedad ciezana, de tal forma que además de realizar el Vía Crucis también participaría en las diversas rogativas, presidiría su propia novena y la multitudinaria festividad de la Cruz y acabaría por hacerse con el primer papel de la procesión del Viernes Santo en la mañana.

            LAS NOVENAS: Otra de las manifestaciones públicas presididas por el Cristo serían las tradicionales novenas, organizadas a partir de la escrita por el beneficiado Dr. D. Domingo Morata en 1806, trasladándose a tal fin el crucificado a la parroquial y permaneciendo hasta el 3 de mayo en que nuevamente se le depositaba multitudinariamente en su ermita en un acto de esperanza, agradecimiento y orgullo local. La festividad no era por entonces desconocida en la villa, pues ya en 1614 María Castillo instituye una misa cantada con su vigilia el día y fiesta de la Santa Cruz de mayo, fecha vinculada a la Invención de la Cruz, en asimilación de la idea del árbol de la vida. Posiblemente estos traslados con visos de romería se perdieron durante las décadas centrales del XIX, detectándose nuevamente en la década de los ochenta, momento en el que se organiza su hermandad y la prensa provincial abogaba por la continuidad de estos eventos.
            Paralelamente, la festividad se completaba con la colocación desde la noche del dos de mayo de numerosos altares por la carrera de la procesión, tradición que al menos se remonta a la década de los ochenta del s. XIX. Presididas las hornacinas por el símbolo de la cruz, célebres fueron los altares de la Mengaja y su enorme acumulación de crucifijos, así como los montados por el jardinero municipal, “que formaba un artístico pórtico de flor natural, en cuyo fondo lucía una decoración de bonita perspectiva, campeando en último término, el Cristo del Consuelo. Delante habia una fuente con caprichosos juegos de agua, y varios patos vivos en su recipiente. ¡Muy bien por el ingenioso Pascualon!”. Finalmente, si la llegada del Cristo a la Asunción era aclamada por casi la totalidad de su fervoroso pueblo, a su regreso a la ermita era despedido con la tradición de arrojar flores a su paso, cuya costumbre se remonta al menos a las primeras décadas del s. XX.

            UN POSIBLE AUTOR: El texto documental del depósito de la imagen que Diego Padilla concertó en 1612 con el beneficiado de la parroquial para que se colocara momentáneamente en la capilla de Martín de Aroca hasta su destino definitivo en la ermita, demuestra que la imagen se realizó en la capital murciana.
            La atribución de un determinado artista a la imagen del Consuelo se presenta como una ardua tarea dada la escasa documentación y los parcos estudios sobre esta época. El crucificado ciezano rezuma características plenamente tardorenacentistas describiendo un doble triángulo equilátero a partir de los brazos en cruz, que todavía mantienen y del que no pende el cuerpo, y la estrechez de las caderas frente a los hombros, el tratamiento del paño de pureza, los pies en paralelo y un rostro que evita el sufrimiento para acercarse a una muerte consentida, meditada y melancólica. El tratamiento del rostro a base de una densa cabellera y poblada barba, escuetas comisuras, párpados entreabiertos y ligeramente pronunciados, estilizada nariz y prominentes pómulos, asociarían la obra a la estética granadina de finales del XVI, lo que pudiera vincularla a Cristóbal de Salazar. Además, cronológicamente, hacia 1610 ya habían desaparecido los artistas murcianos del momento: los hermanos Ayala, Beltrán, Pérez de Artá, etc.
            Nuestro autor está presente en 1592 en la ciudad de Murcia procedente de Granada y tres años después ya se avecinaba, casándose con Jusepa, hija de Francisco de Ayala, quien junto con sus hermanos Diego y Juan se encargarían de las principales obras escultóricas y retablísticas de finales de siglo. De hecho, el que los Ayala trabajaran en el altar mayor de la iglesia de Santiago de Jumilla y en el de Abarán, bien pudo poner en contacto a Padilla con Salazar, quien también trabajará en el retablo de Yeste.
            Más que una supuesta influencia de Fernando de Rojas, en todo caso prácticamente coetáneo, la referencia cristológica habría que buscarla en Diego de Siloé, quien desde Granada precisará una tipología definida por la asimetría de ojos, huesuda cabeza, pronunciados pómulos, boca entreabierta, acentuado entrecejo, minuciosidad en la barba y cabello, proporción del torso y extremidades, áspera musculatura, espalda en tabla y pequeñez de cintura…, características que se concretan en el Cristo del Consuelo.
            Asimismo, el trabajo de Salazar abarca diversos materiales de diferente índole: madera, mármol, piedra y quizá también cartón. Así, en 1611 trabaja en el túmulo para la reina Margarita, elaborando los moldes para esta arquitectura efímera que necesitaría de efigies de papelón. Finalmente, se podría argumentar algunas semejanzas estilísticas con algunas de sus obras como S. Buenaventura y S. Bernardino de Siena del trascoro, S. Antonio y sobre todo S. Francisco en la capilla mayor catedralicia, donde los rasgos faciales se pudieran asemejar al crucificado, especialmente en el peculiar tratamiento de la barba y del conjunto de la testa, ligeramente desproporcionada en unas dimensiones menores en relación con el resto del cuerpo.

            UNA NUEVA ERMITA: Asimismo, cuando el crucificado recupere la titularidad de su ermita a principios del s. XIX, el Ayuntamiento aceptará la construcción de un nuevo santuario según los planos del arquitecto provincial D. Juan José Belmonte, verificados por el Gobernador Civil en 1864 con un montante inicial de 20000 reales, para precisar la obra, dentro del gusto ecléctico del modernismo historicista hispánico, el arquitecto D. Justo Millán en 1879.  El paso del tiempo y los efectos de la Guerra hicieron mella en el edificio, restaurándose definitivamente en 1994 mediante aportaciones populares de buena parte del pueblo de Cieza.
            El templo de caracteres neogóticos se definirá en una sola nave con pequeñas capillas entre los contrafuertes, elevándose en el interior esbeltos arcos perpiaños alancetados de carácter decorativo, quedando la portada custodiada por sendas torres. Juan José Belmonte (1809-1875) obtiene el título de arquitecto en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en 1835. Ocupa los cargos de arquitecto municipal y provincial hasta la  Revolución de Septiembre, reincorporándose con la Restauración. Emprende la reforma del Ayuntamiento de Murcia y presenta dos proyectos non natos para un palacio de justicia y un manicomio; entre sus obras particulares destaca la Casa de los Melgarejo en la calle San Nicolás de la capital regional en la línea del tradicional barroco murciano.
            Las obras de 1879 se adjudican al ciezano Pascual Martínez Guardiola en la cantidad de 1385 ptas, siendo su director D. Justo Millán Espinosa (1843-1928), a cuyo fin se repara y termina la torre de la portada. Nuestro arquitecto obtiene su título en 1871, por lo que una de sus primeras actividades será precisamente su intervención en la Ermita del Santo Cristo del Consuelo, coincidiendo con los inicios de sus trabajos en la capital murciana en la reconstrucción del Teatro Romea en 1879. Señalar que Millán será uno de los principales representantes del eclecticismo historicista de la región, realizando en Murcia obras como la fachada de la  iglesia de San Bartolomé, la Plaza de Toros de la Condomina, etc. Para La Unión proyecta la parroquial del Rosario, en Cartagena concluye la Caridad y el Teatro Principal,… y en Cieza, como arquitecto municipal, se encargará de la Cárcel del Partido, Lavadero, Cementerio, Paseo,… Incipiente su decorativismo en la Ermita, en adelante se definirá por el uso de aristas biseladas en los vanos, recortes puntiagudos de los bordes exteriores de los recercos, remates de fachadas con un ritmo serial, etc., enmarcándose dentro del “estilo Villajos”, debido al uso ornamental del homónimo arquitecto, basado en composiciones mixtilíneas de aleros, cornisas en imposta y alternancia de medios puntos peraltados, adaptándolo Millán a su gusto por la monumentalidad y el clasicismo.

            HACIA EL AÑO 2012: Con la vista puesta en las posibles celebraciones que tal efeméride puede despertar en los ciezanos, tal vez sea ya el momento de pensar qué tipo de actos tendrían cabida para evocar la llegada de la imagen a Cieza. A tal fin, diferentes particulares, asociaciones, Cofradía y Ayuntamiento tendrán la oportunidad de dar lo mejor de sí para conmemorar tal evento.

                                                                       ALFREDO MARÍN CANO

 

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